¡Voy a Ser Mamá!

Soy Mamá de 2 Niñas Prematuras #HablaMamá

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Los 17 de noviembre se celebra el Día Internacional del Niño Prematuro, por eso hoy les comparto ésta historia:
María Alejandra es una de mis amigas de vida, de esas que no importa el tiempo o la distancia la quieres siempre igual, ella es venezolana y vive en España desde hace muchos años, la vida la bendijo con unas preciosas hijas, pero nacieron antes de tiempo. En esta historia nos acercamos solo un poco a la vivencia de tener un niño prematuro.
María Alejandra con Paola y Amanda

María Alejandra con Paola y Amanda

Cuando fui a una de las ecografías de seguimiento de mi embarazo gemelar en la semana 26 de gestación, no sabía lo qué se nos venía encima. Tuve un embarazo normal, me cuidé en todo momento y seguí todas las recomendaciones de los médicos, pero al final las cosas pasan como tienen que pasar: hospitalización de emergencia y traslado en ambulancia al Hospital 12 de Octubre donde existe una de las unidades de neonatología más especializadas de España, en la que mis niñas debían permanecer hospitalizadas en caso de que se hiciera necesario una cesárea. Mi diagnóstico fue Preclampsia y síndrome de Hellp, tenía la tensión por los cielos y solo se me podría estabilizar si me quitaban la placenta.

Lamentablemente, solo lograron prolongar mi embarazo 4 días más, los suficientes para ponerme las tres inyecciones necesarias para hacer madurar los pulmones de mis niñas cuanto antes. Así nacieron mis hijas un 25 de julio, Paola con 620gr de peso y Amanda con 820gr. En sus primeros días de nacidas perdieron 100gr cada una, eran minúsculas.

Estuve en cuidados intensivos durante 4 días sin poder ver a mis hijas y completamente aislada hasta estabilizarme. Solo pensaba en mis niñas y cuál sería su suerte si yo no salía adelante, qué iba hacer su papá con las niñas y el resto de mi familia en Venezuela. De mis niñas solo sabía que estaban en incubadora intentando estabilizarlas y que por suerte les estaban dando leche materna donada. Su papá se encargó de poner los nombres que habíamos elegido y de tomar todas las decisiones importantes para las tres.

Al segundo día en cuidados intensivos llegó mi primer rayito de esperanza; me llevaron un extractor de leche eléctrico para que me fuera estimulando si quería amamantar a mis hijas. Siempre te dicen que con las medicinas y la cesárea la leche «no sube», MENTIRA!!! ese mismo día me saqué unas gotitas que se llevaron en una jeringa esterilizada como un inmenso tesoro para empezar a darle mi leche a mis bebés, y aquí empezó a disiparse mi primer temor.

Gradelio y Amanda

Gradelio y Amanda

Me llevaron a ver a mis hijas en silla de ruedas al cuarto día de haber nacido y una ráfaga de miedo me invadió, tan pequeñitas, tan frágiles y sin poder hacer nada, solo rezar.

Tenía miedo a que no salieran adelante, a que solo pudiera sobrevivir una; temía por las posibles secuelas. Luego de 15 días ingresada, irme a casa sin mis hijas fue durísimo, nos esperaban 3 meses y medio de hospitalización, un mes y medio de hospitalización en casa (nos visitaba una enfermera una vez a la semana para asegurarse de que todo iba bien) y un largo invierno en el que no podíamos salir de casa, y todo el que venía tenía que lavarse las manos al entrar; cualquier resfriadito podía ser fatal para nuestras frágiles bebés

Aprendimos muchas cosas: que la vitamina A madura la vista, que un ambiente tranquilo y oscurito ayuda al desarrollo cerebral, que la cafeína ayuda a madurar los pulmones y que lo único que hace madurar el aparato digestivo de un prematuro es la leche materna. Aprendimos que la mejor incubadora para nuestros hijos somos nosotros mismos, se llama método Kanguro y puedo jurar que no existe en el planeta sensación más reconfortante que poder acunar a tus hijos en el pecho. La conexión emocional es absoluta, acompasa los corazones, estabiliza la temperatura del bebé y es lo único que ayuda a sobrellevar el hospital y todas las complicaciones que surgen en el camino, que las hubo, pero que las superamos sin secuelas, gracias a Dios.El contacto piel con piel con tu bebé es la medicina más barata del mundo y aunque suene radical puede ser la diferencia entre la vida y la muerte.

En nuestro caso pasamos al día más de 8 horas con nuestras niñas en el pecho, porque el contacto con la piel de papá también es importantísimo. Al principio una de nuestras niñas desarrolló una bactería en la piel que no nos permitía hacerles el cangurito juntas, así que cada uno agarraba a una en la mañana, almorzábamos, nos desinfectábamos y nos cambiábamos de niña, así podían sentirnos a los dos, las dos.

Paola en sus primeros intentos por chuparse el dedo (aún lo hace)

Paola en sus primeros intentos por chuparse el dedo (aún lo hace)

Cada día verificábamos el peso y no veíamos la hora de quitarle la sonda nasogástrica y que aprendieran a comer, mientras tanto me extraía leche cada cuatro horas, religiosamente, de día y de noche. Una noche se me rompió el extractor y aprendí a sacarme la leche manualmente, me bañé entera, pero aprendí algo más. Siempre temí no tener suficiente leche para las dos, pero la perseverancia unida a la bendición de tener mucha leche lograron que lo que empezó con extracciones de 2ml, terminara en llenar dos teteritos de 4 onzas cada cuatro horas.

Afortunadamente nos regalaron un congelador y llegué a almacenar hasta 350 teteritos de 4 onzas marcados con hora y fecha de extracción que utilizamos cuando estábamos en casa y yo tenía que ausentarme. Mis niñas aprendieron a comer y ya solo se trataba de que ganaran peso, como curiosidad, Amanda se enganchó a mi pecho un día que nos estaban haciendo un reportaje para la tele, parece que la niña va a ser farandulera jijiji.

Paola y Amanda en su primer día de cole.

Paola y Amanda en su primer día de cole.

Finalmente y después de tres meses y medio nos dieron el alta, Paola con 2,050gr y Amanda con 1,750gr. El primer año fue el más difícil porque había que cuidarlas mucho, fueron muchas las noches sin dormir entre el llanto de mis niñas y mi preocupación por si estaban respirando, hace falta mucha paciencia, mucha dedicación y mucha serenidad para poder sacar adelante a un bebé prematuro, pero el amor puede con eso y más. Pero pasó, fuimos bendecidos por Dios al no tener ninguna complicación mayor, y hoy tenemos a dos niñas traviesas de 4 años que se han escolarizado perfectamente.

 

 

 María Alejandra Ojeda

 

 

 

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4 Comments

  1. mercedes de valero

    QUE BELLA HISTORIA SOBRINA AUNQUE ESTABA PENDIENTE LO QUE OCURRÍA SE QUE SUFRISTE MUCHO AHORA DISFRUTAS A TUS NIÑAS Y QUE DIOS ME LOS BENDIGA A LOS 4

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  2. Alejandra

    Amiga, gracias por darme la ocasión de contar un poquito de mi experiencia. Aunque a veces es duro echar la vista atrás, es muy gratificante ver cómo hemos superado cada prueba que hemos tenido.
    Al fin pagué parte de mi deuda contigo 😉
    Te quiero ♥

    Responder

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